El transporte supone una parte muy importante del consumo de energía y de las emisiones a la atmosfera. Además depende de los combustibles fósiles (derivados del petroleo) en un 98%.
De ahí la necesidad de investigar y producir combustibles procedentes de fuentes renovables. Se estima que para el año 2030 un cuarto de los combustibles empleados en el transporte provendrán de biocombustibles [Biofuels Research Advisory Council UE, 2006].
Los biocombustibles más utilizados son el BIOETANOL, que es alcohol etílico procedente de vegetales (España es el principal productor europeo de etanol) y el BIODIESEL, procedente principalmente de aceite de girasol y aceites de fritura usados.
Las ventajas de el uso de estos combustibles son varias:
A nivel medioambiental emiten entre un 40 y un 80% menos de dióxido de carbono, no emiten dióxido de azufre (que facilita la lluvia acida) . También son menores las partículas en suspensión, los metales pesados emitidos, el monóxido de carbono y otros compuestos contaminantes.
A un nivel socioeconómico, estos productos generan empleo y estabilidad, fomentando la creación de diferentes industrias agrarias. Colaborando a mantener los niveles de trabajo y renta.
Con respecto a las desventajas de estos combustibles está su coste. Los rendimientos no son tan altos como para competir aún con los derivados del petroleo. (Los gobiernos están compensando esta diferencia de precio mediante la anulación de impuestos, por ejemplo)
Para saber más:
Fomento del bioetanol en Alemania
Biocombustibles en Brasil

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